En primera fila Sting y esas quince canciones que sabemos todos

En primera fila  Sting y esas quince canciones que sabemos todos

A los 67 años, volvió a grabar muchos de sus hits inolvidables. Sacó pecho y tituló al disco “My Songs”. Por qué vale la pena escucharlo.

Cuando en 1978 The Police editó su primer álbum, Outlandos d’AmourSting tenía ya 27 años. La intención de la banda de ser parte del movimiento punk, que estaba en auge y representaba el furor del mercado discográfico, se contraponía con dos hechos fundamentales: los integrantes del trío (el baterista Stewart Copeland tenía 26 y el guitarrista Andy Summers ya se mostraba como un veterano de 36eran bastante mayores que los músicos punks, que arañaban los 20; y además los tres eran extremadamente virtuosos con sus instrumentos, algo que en el punk no era bien visto ni se consideraba necesario (el virtuosismo).

The Police: de izquierda a derecha: Andy Summers, Sting y Stewart Copeland.

The Police: de izquierda a derecha: Andy Summers, Sting y Stewart Copeland.

La mejor elección fue correrlos de ese movimiento y encuadrarlos en otro, también flamante, la New Wave, de la que fueron una de sus primeras caras visibles. Rubios (en algunos casos, con ayuda de la tintura) y con raros peinados nuevos, el rótulo marketinero los liberó también estilísticamente y pudieron dar rienda suelta a sus diversas influencias y crear un estilo propio: ritmos africanos o jamaiquinos a toda velocidad, batería a contratiempo, extraños acordes de guitarra y una línea de bajo melódica que se acoplaba perfectamente con la voz aguda de Sting.

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A lo largo de cinco discos, The Police metió un hit tras otro, canciones que quedaron en la historia y en el inconsciente colectivo, todas firmadas por Gordon Matthew Thomas Sumner (el nombre real de Sting), que luego de la disolución de la banda tuvo también una prolífica y exitosa carrera como solista, con temas que se hicieron muy populares y que dieron cuenta de su enorme talento.

Ahora, apenas un par de meses atrás, Sting -aguijón quiere decir su apodo- sacó pecho y nos pinchó con un hermoso disco, al que no en vano tituló My Songs (mis canciones) y que no son otra cosa que 15 de esos temas que sabemos todos, con un audio acorde a estos tiempos y que amalgama en forma natural algunos éxitos de The Police y otros de su carrera en solitario.

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Son quince, pero claramente podrían ser más.

Y lo que llama la atención es que en la mayoría de ellos se mantuvieron los arreglos originales (o lo que se hicieron conocidos en versiones posteriores) y que también están cantados en el mismo tono en que fueron compuestos, lo que habla del cuidado de Sting no sólo de su obra, sino de sus cuerdas vocales, a las que tantas giras mundiales no parecen haberle hecho mella, aunque justo por estos días haya suspendido un tour por una enfermedad no especificada.

El disco -sí, se editó en formato físico, aunque también lo pueden encontrar en todos los sitios de descargas digitales-arranca con tres temas de su etapa solista (Brand New Day, con la armónica de Stevie Wonder nada menos, Desert Rose e If You Love Somebody Set Them Free), para luego ir combinando hitazos de la banda como So Lonely, Message in a Bottle, Walking on the Moon o Roxanne con otros no menos exitosos de su recorrido en solitario como Englishman in New York -ese de “soy un extranjero, un extranjero legal: un inglés en Nueva York”-, Shape of my Heart y Fragile, que aún hoy conmueve por su sensibilidad.

Sting compone, toca y canta sus propias canciones desde The Police hasta hoy. Foto: Fabrice Coffrini/AFP

Sting compone, toca y canta sus propias canciones desde The Police hasta hoy. Foto: Fabrice Coffrini/AFP

El hecho de componer, tocar y cantar bien -algo que laintelligentzia rockera, con envidia, no siempre premia- pudo haber dejado a Sting en un lugar de dinosaurio. O su promocionada afición al sexo tántrico, haberlo convertido en meme.

Sin embargo, sus canciones y sus posiciones políticas en defensa de los derechos humanos siguieron mostrándolo como un artista vital y comprometido. Nunca está de más recordar que subió a las Madres de Plaza de Mayo al escenario de River en 1987, volvió a hacerlo en 1988 con la gira de Amnesty y una vez más en 1990, cuando no podía comprender el indulto del presidente Menem a los represores, las invitó a hacer su ronda durante la canción Ellas bailan solas, dedicada a las madres de desaparecidos chilenos.

Lo que algunos podrían considerar un ejercicio de narcisismo o mercantilismo (el volver a grabar esos temas), yo prefiero verlo como una muestra de orgullo. A Sting no le falta ni fama ni dinero ni jamás se ha mostrado bloqueado. Al contrario, sigue componiendo y probando nuevas formas y orquestaciones. Sólo que, a los 67 años, tal vez quiera llamarnos la atención sobre un repertorio invencible. Aunque los versos de Every Breath you Take (“cada movimiento que hagas, cada paso que des, te estaré vigilando”) hoy suenen a acoso y nos hagan olvidar del propósito original de la canción: mostrar cuán obsesivo puede ser el amor.

WD

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